El 6 de octubre del 2003, Jeff Cook llevó a su familia a cenar a un conocido restaurante en Pittsburgh, Estados Unidos. Cuando le llevaron a su mesa las fajitas de pollo y carne que ordenó, venían con los acostumbrados acompañamientos: chile y cebolla salteados, y natilla; pero además, venía con un acompañamiento invisible: una porción de la hepatitis A. Jeff Cook, de 38 años, una persona sana y enérgica, murió un mes después de insuficiencia hepática aguda.
La hepatitis A fue la responsable de enfermar a un total de 575 personas – entre clientes y empleados – en ese mismo restaurante, y terminar con la vida de tres de ellos; los portadores de esta enfermedad fueron unos cebollines. El Centro para el Control y Prevención de Estado Unidos, estima que cada día 200.000 estadounidenses sufren una intoxicación alimentaria. Sin embargo, Ph.D. Philip Tierno, un microbiólogo en el centro de medicina de la Universidad de Nueva York y autor de La vida secreta de los gérmenes, asegura que en realidad son alrededor de 800.000 al día.













